El molino de Floss
El molino de Floss Sin duda, las ideas religiosas y morales de los Dodson y los Tulliver eran demasiado específicas para que pudiera llegarse a ellas de modo deductivo partiendo de la afirmación de que formaban parte de la población protestante de Gran Bretaña. Su teoría de la vida poseía una base sólida, como todas las teorías a partir de las cuales se han criado y florecido todas las familias decentes y prósperas; pero carecía de toda teología. Si cuando las hermanas Dodson eran solteras sus Biblias se abrían con más facilidad en una página que en otra se debía a que guardaban en ellas pétalos secos de tulipanes, distribuidos con cierta imparcialidad, sin preferencia alguna por lo histórico, piadoso o doctrinal. Su religión era sencilla, casi pagana, pero no había en ella herejía alguna —si es que herejía significa elección— porque no sabían que existiera ninguna otra religión, con la única excepción de las corrientes no anglicanas, rasgo que parecía trasmitirse de padres a hijos, como el asma. ¿Cómo podrían saberlo? El vicario de su agradable parroquia rural no era polemizador y, en cambio, se le daba bien jugar al whist y tenía siempre a punto alguna broma para las parroquianas de buen ver. La religión de los Dodson consistía en reverenciar todo aquello que fuera tradicional y respetable: era necesario estar bautizado para que te enterraran en el cementerio y tomar los últimos sacramentos como garantía contra una serie de vagos peligros; pero era igualmente necesario contar para el funeral con adecuados portadores del féretro y con unos jamones bien curados, así como dejar un testamento irreprochable. Ningún Dodson desearía que se le echara en cara el olvido de nada apropiado o que formara parte desde tiempo inmemorial de las tradiciones familiares y de las costumbres claramente indicadas en la práctica de los parroquianos más acaudalados: cosas tales como la obediencia a los padres, la fidelidad a los consanguíneos, la laboriosidad, la honradez, el espíritu de ahorro, la limpieza cuidadosa de todo tipo de utensilios de madera y cobre, la acumulación de monedas que podrían desaparecer de la circulación, la producción de bienes de primera clase para el mercado y la preferencia general por todo aquello que fuera casero. Los Dodson eran orgullosos y su orgullo residía en frustrar por completo todo deseo ajeno de reprocharles algún incumplimiento de un deber o norma tradicional. En muchos sentidos se trataba de un orgullo razonable, puesto que identificaba el honor con la integridad perfecta, el cuidado en el trabajo y la fidelidad a las normas establecidas; y la sociedad debe la presencia de cualidades importantes en algunos de sus miembros a las madres de la clase de los Dodson, que preparaban bien la mantequilla y los platos tradicionales y se habrían sentido avergonzadas por hacerlo de otro modo. Ser honrado y pobre nunca fue la divisa de un Dodson, pero todavía menos lo era ser pobre y parecer acaudalado; el lema de la familia era ser rico y honrado, y no sólo rico, sino más incluso de lo imaginado. Llevar una existencia respetable y contar con los portadores adecuados en el funeral suponía alcanzar los objetivos últimos de esta vida, pero ese éxito quedaría totalmente anulado si, al leer el testamento, el prestigio del difunto cayera por los suelos por ser más pobre de lo esperado o por legar sus bienes de modo caprichoso, sin guardar la adecuada proporción con los grados de parentesco. El comportamiento con los familiares debía ser siempre el adecuado: y lo propio era corregirlos severamente si su actitud no honraba a la familia, pero sin privarlos de su parte correspondiente de hebillas de los zapatos y otras propiedades. Cualidad destacada del carácter de los Dodson era su sinceridad; tanto sus vicios como sus virtudes formaban parte de un egoísmo orgulloso y franco que aborrecía enérgicamente cualquier gesto contra su fama y su interés; reprenderían duramente a cualquier familiar descarriado, pero nunca lo abandonarían o harían caso omiso de su presencia: no permitirían que le faltara el pan, aunque exigirían que lo comiera con hierbas amargas.