El molino de Floss
El molino de Floss Mientras los combates vitales de Maggie se libraban casi por completo en el interior de su alma, donde luchaban dos ejércitos de sombras y se alzaban de nuevo los fantasmas caídos, Tom combatía en una guerra más polvorienta y ruidosa, lidiaba con obstáculos más sólidos y obtenía conquistas más concretas. Así ha sido desde los días de Hécuba y de Héctor, domador de caballos: en el interior de la casa, las mujeres de cabello ondeante y manos alzadas al cielo ofrecían plegarias, contemplaban el combate del mundo desde lejos y llenaban los días largos y vacíos con recuerdos y temores; en el exterior, los hombres, en feroz lucha contra lo divino y lo humano, sofocaban los recuerdos bajo los propósitos y perdían la noción del temor e incluso del riesgo de caer heridos en el apresurado ardor de la acción.
