El molino de Floss
El molino de Floss —De veras te quiero, Philip. ¿Qué otra felicidad he conocido en la vida tan grande como estar contigo? Desde que era pequeña, cuando Tom era bueno conmigo. Y tu cerebro es para mà como un mundo, puedes contarme todo lo que quiero saber. Creo que nunca me cansarÃa de estar contigo. Caminaban de la mano, mirándose; en realidad, Maggie tenÃa prisa por marcharse, porque era ya hora. Pero la sensación de que faltaba poco para que se separaran aumentaba el temor de haber dicho algo sin querer que hubiera causado algún dolor a Philip. Aquél era uno de esos momentos peligrosos en que las palabras son a un tiempo sinceras y engañosas, cuando los sentimientos se desbordan en una crecida que deja marcas que nunca vuelven a alcanzarse.
Se detuvieron entre los pinos para separarse.
—Entonces, Maggie, ¿mi vida estará llena de esperanza, y seré más feliz que otros hombres, a pesar de todo? ¿Nos pertenecemos el uno al otro para siempre, estemos juntos o separados?
—SÃ, Philip, desearÃa no separarme nunca de ti, desearÃa hacerte muy feliz.
—Espero algo más y me pregunto si algún dÃa llegará.
Maggie sonrió con lágrimas brillantes y agachó su alta cabeza para besar aquel rostro bajo y pálido, lleno de un amor tÃmido e implorante, como el de una mujer.