El molino de Floss
El molino de Floss Aquella noche, cuando Maggie subió a su dormitorio no pareció tener deseos de desvestirse. Depositó la vela en la primera mesilla que encontró y empezó a recorrer la gran habitación de un lado a otro con paso firme, regular y rápido, muestra de que el ejercicio era una vía de escape instintiva para una gran agitación. Los ojos y las mejillas le brillaban de modo casi febril; tenía la cabeza hacia atrás, las manos entrelazadas con las palmas hacia delante y los brazos extendidos y tensos, gestos que suelen acompañar a los momentos de gran concentración.
¿Acaso había sucedido algo importante?