El molino de Floss
El molino de Floss Antes de que hubieran transcurrido tres días tras la conversación entre Lucy y su padre que el lector acaba de presenciar, ésta había conseguido hablar en privado con Philip después de acordar que Maggie fuera a ver a la tía Glegg. Durante un día y una noche, Philip dio vueltas y vueltas a lo que de había contado Lucy hasta que decidió cuál era el camino más adecuado. Le pareció que veía ante él una posibilidad de cambiar su posición en relación con Maggie y eliminar, al menos, un obstáculo entre ambos. Trazó un plan y calculó todos los movimientos, con la apasionada minuciosidad de un entusiasta jugador de ajedrez, y se sorprendió de su súbito talento como estratega. Su plan era tan osado como cuidadoso, de modo que en cuanto vio que su padre no tenía nada más urgente entre manos que el periódico, se inclinó hacia él y de puso una mano en el hombro.
—Padre, ¿querría usted subir a mi sanctasanctórum y mirar dos últimos dibujos que he hecho? Ya los tengo listos.
—Phil, ya sabes que me duelen demasiado las articulaciones para subir todas esas escaleras —contestó Wakem, mirando con afecto a su hijo mientras dejaba el periódico—. Pero bueno, vamos.
