El molino de Floss
El molino de Floss La carrera de Maggie como miembro admirado de la buena sociedad de Saint Ogg’s culminó sin duda el día de la venta benéfica, cuando su belleza noble y sencilla, vestida en una flotante muselina blanca que, sospechamos, procedía del guardarropa de la tía Pullet, se distinguió de las mujeres más adornadas y convencionales que la rodeaban. Tal vez no advertimos hasta qué punto nuestra conducta social está hecha de gestos artificiales hasta que vemos a una persona a la vez sencilla y hermosa: porque sin belleza tendemos a considerar tosquedad la sencillez. Las señoritas Guest estaban demasiado educadas para emplear las muecas y el tono afectado que caracteriza a la vulgaridad con pretensiones; pero, dado que su puesto se encontraba junto al de Maggie, aquel día pareció obvio, por primera vez, que la señorita Guest mantenía la barbilla demasiado alta y que la señorita Laura hablaba y gesticulaba con deseos de impresionar.
