El molino de Floss
El molino de Floss Las salas que se sucedían, una tras otra, en Park House, se mostraban debidamente brillantes, adornadas con luces y flores y el esplendor personal de dieciséis parejas acompañadas de sus padres y tutores. El lugar más resplandeciente era el largo salón, donde tenía lugar el baile, bajo la inspiración de un piano de cola; la biblioteca, abierta en un extremo, preparada para los juegos de cartas, disfrutaba de la iluminación más sobria de la madurez; y, al otro extremo, el lindo gabinete con un invernadero adosado quedaba como un posible retiro más fresco. Lucy, que había abandonado el luto por primera vez y lucía su linda figura envuelta en un abundante vestido de crespón blanco, era la reina oficial de la ocasión, porque aquélla era una de las fiestas condescendientes de las señoritas Guest, ya que no incluía a ningún miembro de una aristocracia superior a la de Saint Ogg’s y ampliaba en lo posible el criterio de nobleza aplicado a comerciantes y profesionales.
