El molino de Floss
El molino de Floss Distinguió ahora una gran masa oscura a lo lejos y, más cerca, la corriente del rÃo. Aquella masa negra tenÃa que ser… sÃ, era Saint Ogg’s. Ah, ahora sabÃa hacia dónde mirar para localizar los árboles bien conocidos: los sauces grises, los castaños amarillentos y, por encima de ellos, el viejo tejado; pero todavÃa no se percibÃan formas ni colores: todo era tenue y borroso. Se sentÃa cada vez más fuerte, como si estuviera gastando en aquel momento unas reservas que no necesitarÃa ya en el futuro.
Mientras imaginaba cada vez con mayor nitidez la situación en que se encontrarÃa su viejo hogar, se le ocurrió pensar que debÃa meter el bote en la corriente del Floss para cruzar hasta el Ripple y acercarse a la casa; pero entonces serÃa fácil que la arrastrara la corriente y no pudiera volver a salir de ella. Por primera vez tuvo clara noción de peligro; pero no habÃa elección, no habÃa duda posible, y derivó hacia la corriente. Ahora corrÃa sin esfuerzo; a medida que disminuÃa la distancia y aumentaba la luz, empezaba a distinguir objetos que identificaba como árboles y tejados bien conocidos: más aún, ya no estaba lejos de una fuerte corriente fangosa que debÃa de ser el Ripple, extrañamente cambiado.