Middlemarch

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Capítulo VI

La lengua de mi señora es como las hierbas del prado,

que cortan cuando se las acaricia distraídamente.

Cortar con exactitud es su función: divide

con filo espiritual la semilla de mijo,

y consigue ahorros intangibles.

El coche del señor Casaubon, al atravesar el portalón de Tipton Grange, obligó a detenerse a un faetón tirado por un solo caballo y conducido por una dama con un criado sentado detrás. Cabe dudar de que el reconocimiento fuese mutuo, porque el señor Casaubon miraba hacia adelante con aire ausente; pero la señora tenía buena vista y le obsequió con una inclinación de cabeza y un «¿cómo está usted?» muy a tiempo. A pesar de lo gastado de su sombrero y de su viejísimo chal, era evidente que la guardesa la consideraba un personaje importante, a juzgar por la profunda reverencia con que recibió la entrada del pequeño faetón.

—Bueno, señora Fitchett, ¿qué tal se portan ahora sus gallinas? —dijo la rubicunda señora de ojos oscuros, pronunciando todas las palabras con gran claridad y precisión.

—En cuanto a poner, no me quejo, señora, pero les ha dado por comerse sus huevos; así que no tengo ninguna tranquilidad con ellas.


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