Middlemarch

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Capítulo LX

Las buenas frases, sin duda, son, y siempre han sido, muy dignas de elogio.

JUEZ SHALLOW[128]

Pocos días después —era ya finales de agosto— se produjo un acontecimiento que causó cierta agitación en Middlemarch: todo el mundo, si así lo deseaba, iba a tener la oportunidad de comprar, bajo los distinguidos auspicios del señor Borthrop Trumbull, muebles, libros y cuadros pertenecientes al señor Edwin Larcher, que, como todo el mundo podía ver al consultar el catálogo, eran los mejores en cada uno de esos apartados. No se trataba de una subasta motivada por la crisis del comercio; obedecía, por el contrario, al gran éxito del señor Larcher en los negocios, que le había permitido adquirir una mansión cerca de Riverston, amueblada con gran lujo por el ilustre médico de un balneario, y en cuyo comedor colgaban incluso cuadros de gran tamaño con personajes que escandalizaron a la señora Larcher por encontrarse en distintos grados de desnudez, aunque el escándalo desapareció al averiguar que las pinturas representaban escenas bíblicas. De aquí la excelente oportunidad de comprar los objetos tan bien descritos en el catálogo distribuido por el señor Borthrop Trumbull, cuyos conocimientos de historia del arte le permitían afirmar que los muebles del vestíbulo, que iban a subastarse sin el requisito de un precio mínimo, incluían una talla de un contemporáneo de Gibbons[129].


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