Middlemarch
Middlemarch El cochero tenía por costumbre llevar sus caballos tordos a buen paso, ya que, como el señor Casaubon detestaba cualquier cosa que lo apartase de su escritorio, todo le impacientaba, y siempre deseaba llegar cuanto antes al final de los viajes; de manera que ahora Dorothea avanzaba con gran celeridad. El paseo era agradable, porque la lluvia nocturna había limpiado la atmósfera de polvo, y el cielo azul parecía muy lejano, a mucha distancia de la región de las grandes nubes que navegaban muy cerca unas de otras. La tierra parecía un sitio feliz bajo el vasto cielo y Dorothea deseaba alcanzar a Will para verlo una vez más.