Middlemarch
Middlemarch Caleb estaba tan entusiasmado con sus esperanzas por aquel «estupendo giro» que habían tomado las cosas, que, si su discreción no hubiera encontrado el refuerzo de cierta dosis de afectuosa amonestación por parte de su esposa, se lo habría contado todo a Mary, deseoso de «darle una alegría a la chica». Sin embargo, consiguió dominarse y ocultó a Fred ciertas visitas que estaba haciendo a Stone Court para examinar con más detenimiento la situación de la tierra y del ganado y llevar a cabo una tasación preliminar. Sin duda se mostraba más activo en aquellas visitas de lo que la probable proximidad de los acontecimientos exigía; pero le estimulaba la satisfacción paterna de ocupar la cabeza con aquel probable trozo de felicidad que tenía escondido como un regalo de cumpleaños con que sorprender a Fred y a Mary.
—Pero ¿y si todo el plan resultara no ser más que un castillo de naipes? —dijo la señora Garth.
—Bueno, bueno —replicó Caleb—; al menos no se derrumbará sobre la cabeza de nadie.