Middlemarch

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Capítulo LXXII

Las almas grandes son espejos dobles, que ofrecen de continuo

un interminable panorama de cosas agradables por delante,

y repiten las que quedaron atrás.

La generosidad impetuosa de Dorothea, que la hubiera llevado a procurar de inmediato la reivindicación de Lydgate para librarlo de toda sospecha de soborno, perdió buena parte de su fuerza cuando consideró las circunstancias del caso a la luz proporcionada por la experiencia del señor Farebrother.

—Es un asunto muy delicado —dijo el vicario—. ¿Cómo podemos empezar a hacer averiguaciones? Ha de ser de forma pública, poniendo a trabajar al magistrado y al coroner, o en privado, preguntando a Lydgate. En cuanto al primer procedimiento, carecemos de base sólida para actuar, de lo contrario Hawley mismo lo habría hecho ya; y en cuanto a abordar el asunto con Lydgate, confieso no atreverme. Temo que lo considerase un terrible insulto. Tengo cierta experiencia de lo difícil que es hablar con él de cuestiones personales. Y… deberíamos conocer de antemano la verdad acerca de su conducta, para estar muy seguros de lograr un buen resultado.

—Tengo la convicción de que no ha habido nada culpable en su comportamiento: creo que las personas son casi siempre mejores de lo que creen sus vecinos —dijo Dorothea.


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