Middlemarch
Middlemarch El desánimo de Lydgate fue muy profundo. En lugar de aquella confesión decisiva para la que haciendo un gran esfuerzo se habÃa preparado, tenÃa que escuchar una vez más los mismos argumentos de siempre. No podÃa soportarlo. Con un rápido cambio de expresión se levantó de la silla y salió del cuarto.
Quizá si hubiese tenido fuerzas para perseverar en su resolución de aportar más, puesto que Rosamond siempre se quedaba corta, la velada habrÃa tenido mejor desenlace. Si su energÃa le hubiera permitido superar aquel contratiempo, quizá podrÃa haber influido en la voluntad y en la imaginación de su mujer. No tenemos la seguridad de que un determinado carácter, por inflexible o peculiar que sea, resista el efecto de una personalidad más sólida que la suya. Se le puede conquistar al asalto y quedar convertido por el momento, transformándose en parte del alma que lo rodea gracias al ardor de sus movimientos. Pero el pobre Lydgate tenÃa abierta una herida interior y le faltaba energÃa para abarcar la tarea.