Middlemarch
Middlemarch —Pero serÃa mucho mejor que no te casaras —dijo Celia, secándose las lágrimas y siguiendo con su razonamiento—; entonces no habrÃa de qué preocuparse. Y no harÃas lo que todo el mundo estaba convencido de que no podÃas hacer. James siempre ha dicho que deberÃas ser una reina; pero esto no es en absoluto ser como una reina. Sabes que siempre has cometido equivocaciones, Dodo, y esta es una más. Nadie cree que el señor Ladislaw sea un buen marido adecuado para ti. Y tú dijiste que no volverÃas a casarte.
—Es cierto que podrÃa ser más prudente, Celia —dijo Dorothea—, y quizá hacer algo mejor, si yo fuese mejor. Pero eso es lo que voy a hacer. He prometido casarme con el señor Ladislaw y me casaré con él.
Celia habÃa aprendido hacÃa mucho a reconocer el tono de voz con que su hermana pronunció aquellas palabras. Guardó silencio unos instantes y luego dijo, como si hubiera abandonado la lucha:
—¿Te quiere mucho, Dodo?
—Espero que sÃ. Yo le quiero mucho a él.
—Eso está bien —dijo Celia, satisfecha—. Aunque preferirÃa que tuvieras un marido como James, y que viviera cerca, en un sitio donde pudiera ir con el coche.
Dorothea sonrió y Celia adoptó una expresión bastante cavilosa. En seguida dijo: