Middlemarch
Middlemarch —¡Padre! —dijo Mary, con su más profundo acento de reproche—. Llévese también los bolsillos llenos de cariño para todos los de casa —fueron sus últimas palabras antes de que el señor Garth se marchara.
—Imagino que tu padre venÃa en busca de tus ahorros —dijo el anciano señor Featherstone con su habitual capacidad para intuir sucesos desagradables, cuando Mary regresó junto a él—. Imagino que anda siempre a la cuarta pregunta. Ya eres mayor de edad; deberÃas ahorrar para ti.
—Considero a mi padre y a mi madre como la mejor parte de mà misma, tÃo —le respondió la muchacha con frialdad.
El señor Featherstone dejó escapar un gruñido: no podÃa negar la lógica de que se contara con que una chica tan corriente como Mary sirviera para algo, de manera que pensó en otra réplica, lo bastante molesta para que siempre resultara oportuna:
—Si Fred Vincy viene mañana, no te quedes charlando con él, déjale que suba a verme.