Middlemarch
Middlemarch Cierta mañana, varios días después de su llegada a Lowick, Dorothea… pero ¿por qué siempre Dorothea? ¿Era su punto de vista el único posible en relación con aquel matrimonio? Protesto de que se dedique todo nuestro interés, todo nuestro esfuerzo de comprensión a las jóvenes epidermis que parecen lozanas a pesar de las dificultades; porque también ellas se marchitarán y sabrán de las penas más maduras y más corrosivas que estamos contribuyendo a descuidar. A pesar de los ojos parpadeantes y de las manchas blancas en la piel que Celia encontraba tan desagradables, y de la falta de volúmenes musculares que a sir James le resultaban moralmente penosos, el señor Casaubon tenía una intensa vida interior y los mismos apetitos espirituales que todos nosotros. No había hecho nada excepcional casándose, sino algo que la sociedad aprueba y considera motivo de guirnaldas y ramos de flores. Se le ocurrió que no debía retrasar más sus intenciones matrimoniales, y se había hecho la reflexión de que, al tomar esposa, un hombre de buena posición debía buscar y elegir con cuidado a una joven en la flor de la edad —cuanto más joven mejor, porque sería más fácil educarla y tendría una actitud más sumisa—, de una posición social igual a la suya, devota, con inclinaciones virtuosas y buena capacidad intelectual. Con una joven de esas características concertaría unas capitulaciones muy generosas y no omitiría ninguna medida que asegurase su felicidad; a cambio, el señor Casaubon disfrutaría de los placeres de la familia y dejaría tras sí esa copia de uno mismo que parecía exigirse con tanto apremio de un hombre… según los autores de sonetos del siglo XVI. Los tiempos habían cambiado desde entonces, y ningún autor de sonetos insistía en que el señor Casaubon dejara una copia tras sí; más aún, el mismo interesado no había logrado siquiera producir copias de su llave de la mitología; pero siempre tuvo intención de justificarse mediante el matrimonio; y el convencimiento de que los años pasaban muy deprisa, de que el mundo se iba oscureciendo y de que él se sentía solo, era una razón poderosa para alcanzar sin demora los placeres domésticos antes de que también quedaran atrás por culpa del paso del tiempo.