Middlemarch
Middlemarch ¿Quién estará en condiciones de precisar cuáles puedan ser los efectos de la escritura? Si ha sido esculpida en piedra, aunque yazga boca abajo durante siglos en una playa olvidada o «descanse calladamente bajo los tambores y las pisadas de muchas conquistas»[100], quizá termine por revelarnos el secreto de las usurpaciones y otros escándalos sobre los que se murmuró hace muchos imperios, ya que este mundo no es al parecer más que una gran galería llena de ecos. Algo parecido sucede con frecuencia en el insignificante espacio de tiempo que cubren nuestras vidas. De la misma manera que una piedra a la que han dado patadas generaciones de payasos puede llegar, por una curiosa concatenación de causas, a manos de un erudito para que, con perseverancia, gracias a ella, establezca fechas de invasiones y descubra religiones, un poco de papel y tinta que han sido durante mucho tiempo envoltura inocente o simple relleno pueden mostrarse al fin ante el par de ojos que saben lo suficiente para hacer de aquello el comienzo de una catástrofe. A Uriel[101], que contempla desde el sol el progreso de la historia de nuestro planeta, el primer efecto le parecerá tan resultado de una coincidencia como el segundo.