Middlemarch
Middlemarch Tal es, mi querida señorita Brooke, la fiel descripción de mis sentimientos y fío en su clemencia para atreverme a preguntarle hasta qué punto la naturaleza de los suyos permitirá confirmar mis felices presentimientos. Ser aceptado por usted como marido y como custodio terrenal de su bienestar constituirá para mí el más elevado y providencial de los dones. A cambio puedo ofrecerle al menos un afecto todavía incólume y la constante dedicación de una vida que, por breve que sea su futuro, carece de páginas anteriores donde, si decidiera usted hojearlas, pudiese encontrar anotaciones que le causaran justificada amargura o vergüenza. Aguardo la expresión de sus sentimientos con una ansiedad que (si fuera posible) la prudencia debería distraer mediante un trabajo más arduo de lo habitual. Pero en este orden de experiencias soy todavía joven y, al imaginar una respuesta desfavorable, no puedo por menos de creer que resignarme a la soledad será más difícil después de la momentánea luz de la esperanza. En cualquier caso sepa que tendrá siempre en mí a su sincero y devoto servidor,
EDWARD CASAUBON