Middlemarch

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Dorothea salía muy pocas veces de casa sin su marido, pero de vez en cuando iba sola en coche a Middlemarch, para hacer compras o pequeñas obras de caridad, como acostumbra cualquier dama de elevada posición cuando vive a menos de cinco kilómetros de una ciudad. Dos días después de la escena en el paseo de los tejos, la señora Casaubon decidió utilizar una de aquellas oportunidades para tratar de ver a Lydgate y enterarse de si su marido había notado algún cambio desalentador en sus síntomas, cambio que a ella le ocultaba y, también, si había insistido en conocer todos los detalles de su enfermedad. Dorothea se sentía casi culpable pidiendo información sobre el señor Casaubon a otra persona, pero el temor al desconocimiento —a una ignorancia que la hiciese injusta o dura— venció todos sus escrúpulos. Estaba segura de que se había producido una crisis espiritual en su marido: al día siguiente de su entrevista con Lydgate, el señor Casaubon adoptó un nuevo método para ordenar sus notas, y asoció inmediatamente a su mujer en la realización de aquel plan. La pobre Dorothea necesitaba acumular grandes provisiones de paciencia. Eran alrededor de las cuatro cuando se puso en camino hacia la casa de Lydgate en Lowick Gate, lamentando, al surgirle de inmediato dudas sobre la posibilidad de encontrarlo en casa, no haberle escrito antes. Y, efectivamente, el médico había salido.


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