Middlemarch

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Capítulo XLIV

No avanzaré lentamente a lo largo de la costa, sino que navegaré

mar adentro, guiándome por las estrellas.

Cuando Dorothea, paseando con Lydgate entre los macizos de laurel en el hospital nuevo, supo que no había cambios en el estado de salud del señor Casaubon, con la excepción del síntoma mental de la inquietud que sentía por conocer la verdad sobre su mal, guardó silencio durante unos momentos, preguntándose si habría dicho o hecho algo para provocar aquella nueva preocupación. Lydgate, que no quería dejar pasar la oportunidad de impulsar uno de sus proyectos favoritos, se atrevió a decir:

—No sé si alguien habrá llamado su atención o la de su marido sobre las necesidades de nuestro hospital nuevo. Las circunstancias han hecho que parezca más bien egoísta por mi parte insistir en este asunto; la culpa no es mía: se debe a una campaña que están haciendo contra esta institución otros profesionales de la medicina. Creo que a usted le interesan estas cosas, porque recuerdo que cuando tuve el placer de conocerla en Tipton Grange antes de su matrimonio, me hizo algunas preguntas acerca de los efectos, sobre la salud de los pobres, de las casas miserables en las que viven.


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