Middlemarch

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Capítulo XLIX

Un problema demasiado difícil para conjuros de magos

había creado aquel caballero;

es fácil tirar piedras a los pozos,

pero ¿quién las sacará?

—Daría cualquier cosa por evitar que Dorothea se enterara —dijo sir James Chettam, con el entrecejo fruncido y un gesto de intensa repugnancia en la boca.

Se hallaba de pie sobre la alfombra, junto al hogar de la chimenea, en la biblioteca de Lowick Manor, un día después del entierro del señor Casaubon, hablando con el señor Brooke. Dorothea no estaba aún en condiciones de abandonar su habitación.

—Eso sería difícil, Chettam, si me permite decírselo, puesto que mi sobrina es albacea y le gustan esas cosas: propiedades, tierras, todo eso. Es una mujer con ideas, ya sabe usted —dijo el señor Brooke, calándose las gafas con gesto nervioso y explorando los bordes de un papel doblado que tenía en la mano—; y querrá hacer lo que sea preciso, puede estar seguro, Dorothea querrá ocuparse de todo por su condición de albacea. Y cumplió los veintiuno en diciembre, ya sabe. No puedo impedir que se entere de todo.

Sir James contempló la alfombra en silencio durante un minuto y luego, alzando los ojos y fijándolos repentinamente en el señor Brooke, dijo:


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