Middlemarch
Middlemarch Por fortuna Dorothea estaba en su saloncito particular cuando tuvo lugar aquel diálogo, y no había nadie presente que hiciera penosa la inocente descripción que Lydgate acababa de realizar de Ladislaw. Como era normal en él en cuestión de habladurías, el joven médico había olvidado por completo el comentario de su mujer sobre Will y la señora Casaubon. En aquel momento solo le interesaba todo lo que sirviese para recomendar a la familia Farebrother; había subrayado a propósito lo peor para anticiparse así a cualquier objeción. Durante las semanas transcurridas desde la muerte del señor Casaubon apenas había visto a Ladislaw, ni oído ningún rumor que le advirtiera de que el secretario particular del señor Brooke fuese un tema peligroso para tratarlo con la señora Casaubon. Cuando se hubo marchado, su descripción de Ladislaw siguió presente en la imaginación de Dorothea, disputando el terreno al asunto del beneficio de Lowick. ¿Qué pensaba de ella Will Ladislaw? ¿Oiría hablar de lo que hacía arder sus mejillas como nunca le había sucedido? Y ¿cómo se sentiría cuando lo oyera? Lo veía, sin embargo, con toda claridad, sonriendo a la diminuta solterona. ¡Un italiano domador de ratones blancos! Will era, por el contrario, un ser capaz de entender los sentimientos de todo el mundo y de hacer menos angustiosos los pensamientos de su prójimo en lugar de imponer los suyos con férrea determinación.