En los zapatos de Valeria
En los zapatos de Valeria Ella traga saliva. Sus instintos le gritan que se levante y se vaya. Pero su cuerpo se inclina apenas hacia él.
Víctor sonríe, como si acabara de ganar un juego en el que solo él sabía las reglas.
—Eso pensé.
Valeria cruza la calle con la piel encendida. No ha pasado nada. No todavía.
Pero en su cabeza, ya ha cruzado demasiadas líneas.
Valeria no sabe en qué momento perdió el control.
Tal vez fue el día en que comenzó a responder los mensajes de Víctor con demasiada rapidez. O cuando aceptó aquel café, a pesar de que cada fibra de su cuerpo le decía que se alejara.
Tal vez fue cuando empezó a comparar.
La manera en la que Víctor la miraba, con un hambre descarada que hacía temblar su piel, contra la forma en que Adrián apenas la notaba en la cama.
La forma en que Víctor le hablaba, con esa mezcla de desafío y juego, contra los silencios cómodos —demasiado cómodos— con su esposo.
O tal vez fue el momento en que dejó de evitarlo.
Porque ahora, cada vez que suena su teléfono, su estómago se aprieta.
