Cuando era divertido
Cuando era divertido En el exterior, la sombra de la terraza seguÃa allÃ, con los ojos clavados en la puerta cerrada. HabÃa algo en su postura, un aire expectante, como si supiera lo que estaba ocurriendo al otro lado y estuviera esperando el momento exacto para intervenir.
De repente, el ruido de un motor interrumpió la quietud de la calle. Un coche negro se detuvo frente al portal, y un hombre salió de él, encendiendo un cigarrillo mientras miraba hacia las ventanas del edificio. La sombra lo reconoció al instante.
—Tú no deberÃas estar aquà —murmuró, alejándose del cristal y dirigiéndose hacia la puerta de su apartamento.
En el salón de la chica, los adolescentes apenas habÃan comenzado a despojarse de las capas de ropa cuando un sonido los hizo detenerse en seco: el tintineo de unas llaves en la puerta principal.
—¿Alguien más vive aquÃ? —preguntó él, con los ojos muy abiertos. Ella negó con la cabeza, pero su expresión traicionó algo más profundo: un miedo que no habÃa mostrado hasta ese momento.
La puerta se abrió con un crujido que resonó como un disparo en la quietud de la noche.
—¿Quién está ahÃ? —preguntó una voz grave, que parecÃa cargada de algo más que simple curiosidad.