Cuando era divertido
Cuando era divertido Los adolescentes se miraron, paralizados. Y en ese instante, en esa fracción de segundo en la que todo parecÃa estar en pausa, la nieve que caÃa fuera dejó de ser un telón de fondo para convertirse en el presagio de algo mucho más oscuro.
El silencio se rompió con un eco sordo, el golpe seco de una puerta que se cerraba en algún lugar del pasillo. Ella lo agarró de la mano, sus dedos frÃos y tensos. No dijeron nada, pero ambos sabÃan que algo iba mal.
—Espera aquà —susurró, aunque su voz era apenas un hilo.
Caminó hacia el recibidor, con el corazón martillándole en el pecho. La luz que entraba desde la calle proyectaba una sombra alargada en la pared, una figura inmóvil que parecÃa acechar desde el umbral.
—¿Papá? —preguntó, intentando mantener la calma.
No hubo respuesta, pero un paso resonó en el suelo de madera, lento y deliberado. De pronto, una figura masculina emergió de las sombras, alta, con el rostro envuelto en una expresión que mezclaba cansancio y algo más difÃcil de identificar.
—Llegas tarde —dijo él, su voz grave y cargada de reproche. —No sabÃa que venÃas... —respondió ella, retrocediendo ligeramente.