El regalo
El regalo Despertó con la sensación de haber dormido demasiado.
La habitación era sencilla: una cama, una mesa, una silla. No había espejos, ni reloj, ni teléfono. Solo una ventana abierta dejando entrar el aire frío de la mañana.
Por un segundo, pensó que todo había sido un mal sueño.
Hasta que miró afuera.
Las calles silenciosas. La gente caminando con calma, sin prisa, sin rumbo aparente.
La Isla seguía allí.
Cerró los ojos y maldijo en voz baja.
La mujer lo esperaba en la puerta.
—¿Cómo dormiste?
—¿Cuándo me voy?
Ella sonrió.
—Cuando lo entiendas.
—¿Entender qué?
—Eso es lo que vas a descubrir hoy.
Él negó con la cabeza.
—No necesito descubrir nada. Solo quiero mi coche, mi vida.
Ella lo miró con paciencia.
—Tu coche ya no existe.
—¿Cómo que no existe?
