Redes. Invisible 2
Redes. Invisible 2 Alex sigue desaparecido, pero su voz resuena en la memoria de quienes aún lo buscan. En algún rincón del mundo, escribe fragmentos de lo que fue su vida: no para publicar, no para ganar seguidores, sino para recordar quién era antes de que le dijeran quién debía ser.
Encerrado en su propia mente, comienza a analizar cómo fue creado. Las marcas, los contratos, los guiones de emociones que debía seguir al pie de la letra. Su vida era un reality sin cámaras visibles, pero con millones de ojos observándolo.
—No sabía quién era —reflexiona—. Solo sabía lo que debía mostrar.
Mientras tanto, Betty empieza a cambiar. El miedo se transforma en determinación. Ya no se limita a esperar un mensaje. Comienza a buscar. Investiga, conecta hilos, analiza los patrones de Meeteen. Lo que encuentra la aterra: la red social no es solo una app, es una herramienta de control absoluto.
En la sede de Meeteen, los ejecutivos discuten nuevos planes para mantener la atención de los adolescentes. Kidmeet, una red diseñada para niños de cinco a diez años, está en fase de prueba. El contenido se adapta a sus emociones, a su nivel de azúcar, a su entorno.
—¿Y los padres? —pregunta alguien.
—Encantados. Por fin tendrán una red para que sus hijos no los molesten —responde otro, entre risas.
