La conducta de la vida
La conducta de la vida PODER
Su lengua estaba hecha para la música
y su mano era diestra,
su rostro era el molde de la belleza
y su corazón el trono de la voluntad.
Aún no tenemos el inventario de las facultades del hombre, como no tenemos tampoco una biblia de sus opiniones. ¿Quién pondrá el límite a la influencia del ser humano? Hay hombres cuya simpatía arrastra consigo a las naciones y dirige la actividad de la raza humana. Si hay un vínculo por el cual, donde vaya el hombre, la naturaleza le acompaña, tal vez haya hombres cuyo magnetismo atraiga el material y los poderes elementales: donde aparecen, medios inmensos se organizan a su alrededor. La vida va en busca del poder y el mundo está tan saturado de poder —no hay grieta o hendidura donde no se encuentre— que ninguna búsqueda sincera queda sin recompensa. El hombre debería apreciar acontecimientos y bienes como la mena en que se aloja el mineral: sólo habría de dejar pasar los acontecimientos o perder sus bienes y exhalar el aliento de su cuerpo cuando se hubiera añadido su valor en forma de poder. Si se ha asegurado el elixir, puede abandonar los amplios jardines en los que fue destilado. Un hombre cultivado, sabio en conocer y osado en actuar, es el fin por el que trabaja la naturaleza y la educación de la voluntad es el florecimiento y resultado de toda esta geología y astronomía.