Poesía completa
Poesía completa ¡Oh, tus radiantes ojos deben responder ahora,
cuando la Razón, con el ceño fruncido,
se burla de mi caída en desgracia!
¡Oh, tu dulce lengua debe interceder por mí
y explicar por qué te he elegido a ti!
La severa Razón ha venido al juicio
vestida con todas las galas de su melancolía:
¿permanecerás callado, abogado mío?
No, ángel radiante, habla y di
por qué aparté al mundo de mí.
Por qué he perseverado en rehuir
los senderos comunes que los demás recorren,
y viajé tomando una carretera extraña,
desdeñando por igual la riqueza y el poder,
la corona de la gloria y la flor del placer.
Estos, en verdad, me parecieron una vez Seres Divinos;
y ellos, por ventura, oyeron votos míos,
y vieron mis ofrendas en sus altares;
pero los regalos descuidados rara vez son apreciados
y los míos fueron dignamente rechazados.
