El mártir del Gólgota

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CAPÍTULO VII

EL GRAN SINEDRIO

Serían las ocho de la noche. Multitud de sacerdotes, escribas y rabinos conversaban con bastante agitación en el gran Sinedrio, situado en el templo de Sión entre el atrio de los sacerdotes y el atrio de los israelitas.

Este temible tribunal de los hebreos, este memorable lischathagazith[93] tenía alrededor una hermosa barandilla de bronce y su forma de semicírculo estaba colocada de un modo tal, que una parte pertenecía al atrio de los sacerdotes y la otra al atrio de los israelitas.

El presidente supremo del Sinedrio, llamado Hanasci[94] se sentaba en el centro del semicírculo para que pudieran verle y oírle todos sin molestia. Se colocaba a su derecha un anciano llamado Ab[95] y a su izquierda otro denominado Hacam.[96]

Según el Talmud de los judíos, los juicios civiles de poca monta se determinaban por tres jueces, y los criminales, en que se trataba de la pena capital, se sentenciaban por veintitrés.

El lugar donde se debatían estas sentencias era la puerta de la ciudad. Los jueces se sentaban en tierra y los litigantes de pie alrededor. El pueblo podía oír y apreciar la rectitud de los jueces, aprobando o desaprobando las sentencias pronunciadas por los Paletohs.[97]


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