El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota Helí había comenzado a trinchar el cordero, pues servía a la mesa en honor a sus huéspedes, cuando Judas, azorado y como el hombre a quien persigue de cerca el remordimiento, entró en el cenáculo, Jesús dirigió una mirada llena de dulzura al discípulo que acababa de venderle y Judas, sin atreverse a mirar al Maestro Divino, fue a sentarse a un extremo de la mesa, al lado de Tomás el Incrédulo. Jesús tocó con sus labios el vino que le acababa de servir Helí y luego rezó en voz baja la oración que les había enseñado en el monte, que comienza así: Padre nuestro que estás en los cielos…
Después comenzó la santa cena. El futuro Mártir estaba triste. De vez en cuando su dolorosa mirada se fijaba con amorosa ternura en aquel puñado de seres que tanto debían padecer por Él.
Judas no apartaba sus ojos del plato, temeroso de encontrarse con la mirada de su Maestro. Por fin Jesús exhaló un doloroso suspiro y rompió el silencio diciendo:
«—En verdad os digo que uno de vosotros me ha de entregar.»[101]