El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota YO SOY
Retrocedamos algunas horas. Tomemos la narración desde el momento en que Judas, arrojando el pan que Jesús le había entregado, salió desesperadamente del cenáculo arrancándose los cabellos y gritando:
—¡Soy un miserable!
Como hemos dicho, la casa de Helí sólo distaba unos doscientos pasos del palacio de Anás, donde se habían reunido los jueces para esperar al traidor. En el vestíbulo se hallaban algunos soldados mercenarios calentándose alrededor de un ancho brasero, porque la noche estaba fría.
Aquellos hijos de la guerra maldecían en voz baja los miedos y recelos del sumo sacerdote, que les tenía en vela; pero la disciplina les obligaba a permanecer en aquel puesto esperando órdenes superiores.
