El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota DE PILATO A HERODES
Samuel Beli-Beth cogió brutalmente por el hombro derecho a Jesús y le condujo casi a rastras hasta el pie de las gradas donde estaban los estandartes.
Después, dándole un terrible puñetazo en la espalda, dijo con voz atronadora:
—Juez romano, el pueblo pide justicia y la espera de ti, porque tú solo tienes derecho de vida y muerte sobre los súbditos del ilustre emperador Tiberio. Este hombre es el hijo del carpintero José y de María; todos le conocemos perfectamente. Dice, sin embargo, que es rey de Judá, hijo de Dios y qué sé yo cuántos otros sacrilegios que no es decoroso recordar. Hace tres años que recorre las tribus embaucando a las gentes sencillas, no respeta la ley de nuestros mayores y cura en sábado las dolencias del prójimo. Esto, como ves, merece la muerte, y eso espera de ti el pueblo que llena la plaza. He dicho.
Beli-Beth tornó a sacudir un segundo puñetazo en el pecho de Jesús. El pueblo le aplaudió. El miserable judío hizo un saludo con la cabeza, como dando las gracias.
—Si Jesús no ha cometido más crímenes que los que acabas de relatar —dijo Pilato—, yo, que represento a Roma, no le hallo culpa suficiente para castigarle.
