El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota «Nos, Poncio Pilato, gobernador de toda la provincia de la Judea por el sacro imperio romano; estando en nuestro tribunal y sala de audiencia; oídas las acusaciones criminales de los sacerdotes, escribas y fariseos, la conmoción y clamor del pueblo contra Jesús de Nazaret; concordando todos y diciendo cómo ha alborotado y conmovido toda la ciudad y pueblo, enseñando doctrinas nuevas contra la ley de Moisés, haciéndose autor de una nueva ley, pretendiendo alzarse rey, y como tal habiendo tenido atrevimiento de entrar triunfante con ramos y palmas dentro de la ciudad, y por haber menospreciado la justicia y autoridad del emperador Tiberio prohibiendo a los vasallos le pagasen el tributo; pero lo que causa aún mayor escándalo es que, como presuntuoso y blasfemo, se ha gloriado y ha dicho muchas y diferentes veces que era hijo de Dios: siendo hombre de baja condición, hijo de un pobre artesano y de una pobre mujer llamada María; fingiendo ser muy santo y siendo muy engañador, hombre inquieto, conspirador y destructor del bien común; habiendo cometido muchos otros enormes delitos, más dignos de ser castigados que publicados. Por tanto, habiendo considerado muy bien y examinada la verdad de las sobredichas acusaciones, hallándose gravísimos sus delitos, juzgamos debe ser condenado y sentenciado, como de hecho le sentenciamos, a que sea conducido por las calles acostumbradas de la santa ciudad de Jerusalén, de la manera que está, coronado de espinas, con una cadena y dogal al cuello, llevando él mismo la cruz acompañado de dos ladrones, para mayor afrenta, hasta la montaña del Calvario, donde acostumbran ser ajusticiados los hombres facinerosos y allí sea crucificado en su cruz, en la cual estará colgado hasta después de su muerte, sin que alguno se atreva a quitarlo de ella sin nuestra autoridad y licencia.