El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota LA CALLE DE LA AMARGURA
Como hemos dicho, cerca de la ciudadela Antonia se hallaba la cárcel. Una mujer acurrucada en el quicio de su tĂ©trica puerta lloraba amargamente, con la cabeza oculta bajo los pliegues de su manto. A su lado, de pie, triste, inmĂłvil, hallábase un joven que llevaba una cĂtara colgada de la espalda. Aquella mujer era EnoĂ©, la egipcia; aquel joven, Boanerges, su hijo, que esperaban la hora para ver a su protector, el bandido Dimas. Un lictor, seguido de cuatro soldados, se detuvo delante de la puerta de la cárcel. EnoĂ© levantĂł la cabeza. Un carcelero saliĂł al encuentro del lictor y Ă©ste le presentĂł un trozo de papiro que decĂa: «El carcelero entregará al lictor los dos bandidos Dimas y Gestas.»
—¡Ah! ¿Conque por fin los crucifican? —preguntó el carcelero, dando vueltas al manojo de llaves que colgaba de su cintura.
—Cuando el sol se halle en la mitad de su carrera serán enclavados en la cumbre del Gólgota.
—Más digno de esa suerte era Barr-Abbas que Dimas —repuso el carcelero.
—El pueblo lo quiere asĂ.
—¿Muere también con ellos el Nazareno?
—SĂ, entre los dos ladrones, segĂşn dice la sentencia.
