El mártir del Gólgota

El mártir del Gólgota

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CAPĂŤTULO III

LA CALLE DE LA AMARGURA

Como hemos dicho, cerca de la ciudadela Antonia se hallaba la cárcel. Una mujer acurrucada en el quicio de su tétrica puerta lloraba amargamente, con la cabeza oculta bajo los pliegues de su manto. A su lado, de pie, triste, inmóvil, hallábase un joven que llevaba una cítara colgada de la espalda. Aquella mujer era Enoé, la egipcia; aquel joven, Boanerges, su hijo, que esperaban la hora para ver a su protector, el bandido Dimas. Un lictor, seguido de cuatro soldados, se detuvo delante de la puerta de la cárcel. Enoé levantó la cabeza. Un carcelero salió al encuentro del lictor y éste le presentó un trozo de papiro que decía: «El carcelero entregará al lictor los dos bandidos Dimas y Gestas.»

—¡Ah! ¿Conque por fin los crucifican? —preguntó el carcelero, dando vueltas al manojo de llaves que colgaba de su cintura.

—Cuando el sol se halle en la mitad de su carrera serán enclavados en la cumbre del Gólgota.

—Más digno de esa suerte era Barr-Abbas que Dimas —repuso el carcelero.

—El pueblo lo quiere así.

—¿Muere también con ellos el Nazareno?

—Sí, entre los dos ladrones, según dice la sentencia.


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