El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota LA CRUZ
Al mismo tiempo que el decurión Longinos salía por la puerta Judiciaria precediendo la comitiva de Jesús, un hombre llamado Simón, natural de Cirene, en Libia, e israelita de religión, entraba con sus dos hijos Alejandro y Rufo. Simón venía del campo y se arrimó a la pared para no ser atropellado. Después entró en la ciudad.
Cayo Appio, que durante la dolorosa vía no apartaba los ojos de Jesús, viéndole desfallecer por instantes, se dirigió a uno de los soldados y le dijo:
—Observa a Jesús: no puede con el enorme peso del leño. Los miserables fariseos que se gozan en su horrible amargura y el desgraciado va a morir antes de llegar a la cumbre del Gólgota, si una mano caritativa no le ayuda a llevar el peso de la cruz.
Entonces Cayo fijó sus ojos en Simón y volvió a decir:
—Buen hombre, ayuda al condenado.
Simón se resistió, pero Cayo, cogiendo un haz de leña que el Cirineo llevaba a las espaldas y arrojándole lejos de sí, le dijo:
—Obedece al César.
