El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota CAYO APPIO
Los trescientos mil espectadores de la tragedia divina, tan pronto como la tierra tembló bajo sus pies y el sol ocultó su brilladora frente, como avergonzado del crimen que acababa de cometerse, se dispersaron como una bandada de palomas sorprendida por el graznido del gavilán.
Atropellándose los unos a los otros entraron en la ciudad y, ocultándose en los más oscuros rincones de sus hogares, repetían con cobarde acento:
—En verdad que Éste era Hijo de Dios y lo hemos muerto.
Los cobardes jerosolimitanos cerraban simétricamente sus puertas y sus ventanas, porque algunos muertos que habían abandonado sus sepulcros discurrían por las calles, graves, silenciosos como las tumbas que habían contenido sus cuerpos.
