El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota LA PAZ SEA CONTIGO
María guardó en el fondo de su alma la revelación que el ángel le había hecho. Nada dijo a su esposo, porque, modesta en extremo, temía que trasluciera en sus palabras un rasgo de vanidad. Guardó, pues, el secreto como un tesoro precioso que Dios le había confiado, esperando con santa resignación que los acontecimientos portentosos que el cielo le anunciaba la condujeran al punto elegido por la superioridad divina.
Participó a José el placer que le causaría visitar a su prima Isabel, y él, que bueno y bondadoso se desvelaba por satisfacer todo cuanto era grato a su santa esposa, le dio gustoso su permiso para que emprendiera el viaje apetecido.
José era pobre; de su modesto jornal vivían, y no le era fácil abandonar el trabajo; así es que aprovechando la ocasión de pasar a Ain, patria de Elisabet, unos parientes suyos, les recomendó a su esposa, y María partió a Nazaret en la estación de las rosas.
José acompañó a su esposa hasta dos leguas del pueblo, y después, con el corazón oprimido por la ausencia de la Virgen, regresó a su casa.
