El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota Zacarías hablaba y oía como antes de la revelación del Ángel, y el pueblo comentaba con asombro este milagro. Por fin llegó la hora de que la Santa Virgen abandonara la casa de sus parientes, y después de abrazar y bendecir al recién nacido, regresó a Nazaret, acompañada de unos criados de Zacarías.
El nacimiento del Bautista fue espléndido como el del hijo de un príncipe hebreo. Los habitantes de Ain se regocijaron por espacio de algunos días con las fiestas que el sacerdote hizo en celebración de tan fausto acontecimiento.
Algunos años después, los judíos, teniendo en cuenta que Juan era el hijo de un sacerdote rico y Jesús de un pobre carpintero, tuvieron en más al primero que al segundo, pues el Hijo de Dios no fue para ellos más que un hombre común, sin importancia, sin categoría alguna.
La preponderancia del Bautista fue grande. Juan había pasado su vida en el desierto. Jesús vivió oscurecido en Nazaret hasta tres años antes de su gloriosa muerte. Pero, ¿quién no siendo un Dios, hubiera podido llevar a cabo en tan corto tiempo la santa obra de la redención que salva a la humanidad?