El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota DIMAS
¿Qué otra cosa es la Escritura, sino una carta del Omnipotente a los hombres?
Ruégote que estudies y medites cada día las palabras de tu Creador, aprendiendo así a conocerle en ellas. (San Gregorio Magno, libro IV, epístola 39.)
EL PUEBLO ERRANTE
Hermoso cielo de Galilea: mis ojos no han admirado, por desgracia, las poéticas tintas de tus crepúsculos.
Perfumadas faldas del Carmelo: mi pecho no ha respirado el balsámico aroma de tus brisas.
Frescas riberas del Jordán: mis profanos labios no se han humedecido jamás con el claro manantial de tu corriente santa.
Sagrada cumbre del monte de las Calaveras: mis plantas no han hollado tus calcinadas rocas, empapadas un día con la sangre de Dios y las lágrimas de la Virgen.
Anciano Olivete, cuya cima sirvió de pedestal al Nazareno, cuando las nubes celestes descendieron del Paraíso, para arrebatarle de la mansión del hombre: la brisa vespertina que agita las pequeñas y aterciopeladas hojas de tus olivos no ha oreado mi frente nunca.
