El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota JERUSALÉN
Antes de penetrar en el recinto de la ciudad santa, lancemos una ojeada sobre su pasado. Este capítulo debe ser el itinerario que guíe al lector en el transcurso de la presente obra.
El pueblo hebreo necesitaba fundar una ciudad fuerte, que fuera la capital donde se asentara el trono de sus señores, el refugio de aquellas huestes que desde la salida de Egipto iban errantes en busca de la tierra prometida. Adonisech, uno de los cinco reyes vencidos por Josué, se fortifica con su pueblo, los jebusinos, en el monte Sión. Desde esta fortaleza inexpugnable desafía y se burla del ejército de David.
—Los cojos y los ciegos —les grita Adonisech— son los que mandaré sobre ti. Ellos bastaran a exterminarte.
David, el rey de la guerra, el elegido del Señor, desprecia las bravatas del jubuseo, asalta la fortaleza, pasa a cuchillo la guarnición, según la bárbara costumbre de entonces, y el ejército vencedor acampa sobre los montes de Sión, Acra y Moria.
