El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota ACHIAB
Herodes el Grande tuvo once mujeres, veinte hijos y un número más considerable aún de nietos. Doris fue repudiada y desterrada de Jesuralén, donde solo podía entrar en los días festivos, por Mariamne. Sucesivamente les cupo la misma fortuna a Maltaca, Palada, Olimpiada, Fedra, Elpide, Roxana, Salomé y otras dos cuyos nombres no recordamos.
Estas esposas, arrojadas villanamente del palacio del monarca, lloraron en sus destierros la indiferencia del bárbaro idumeo, estrechando a sus hijos contra sus pechos heridos por el dardo cruel de la infidelidad de su esposo. Un día las lágrimas se agotaron, y el deseo de venganza brotó robusto y animoso en los corazones varoniles de aquellas reinas postergadas.
Aquellos ojos, enrojecidos por el llanto, buscaron con codicia una corona para sus hijos; vieron la de Herodes, a la que todas tenían un derecho, y, entonces, con las manos crispadas aún por la rabia, comenzaron a acariciar el puñal o la pócima que debía vengarlas, exterminando al tirano.
Herodes vio el peligro que le amenazaba: tuvo miedo a su numerosa familia; vio cien puñales sobre su cabeza prontos a descargar el golpe fatal, y se dijo:
—Matemos: los muertos no se vengan.
