El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota SOLO EN EL MUNDO
Cargado estaba el cielo, oscura la noche, frío el ambiente.
El solitario búho, cual centinela nocturno, lanzaba de vez en cuando su monótono y prolongado lamento desde las altas copas de los árboles, cuyo eco lastimero iba a perderse en las profundidades de los barrancos.
El interminable castañeteo de los hambrientos chacales del bosque de Efraim despertaba de su ligero sueño a los feroces lobos de los barrancos de la tribu de Manasés, los cuales enviaban a sus terribles compañeros prolongados y estridentes aullidos.
La luna rompía de vez en cuando las espesas nubes que la ocultaban, dejando caer un rayo de su luz clara y suave sobre las altas cimas de los montes de Samaria, que cual negros y encadenados fantasmas extendían sus sombríos lomos del Este al Oeste.
El monte Hebal, más encrespado, más tétrico, más imponente que sus hermanos, se alzaba en medio de aquella apretada cordillera como un gigante amenazador, maldiciendo la impiedad de los rebeldes samaritanos.
El viento Norte comenzó a silbar entre los espinos y las grietas de las rocas, y pronto, apiñados escuadrones de nubes repletas de electricidad, se extendieron con veloz carrera desde las riberas del mar occidental a las pacíficas márgenes del Jordán.
