El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota María contemplaba con gozo indefinible aquella adoración que los poderosos reyes de Asia tributaban a su hermoso Hijo.
Madre enamorada, derramaba dulces y agradecidas lágrimas ante aquellos nobles extranjeros que desde tan apartados climas venían a besar los pequeños pies de su adorado Hijo.
José no se hallaba en el establo cuando tuvo lugar la adoración de los reyes Magos.
¡Con cuánto gozo hubiera contemplado aquella escena tierna y asombrosa el casto y sencillo carpintero de Nazaret!
Pero el Eterno lo había dispuesto así. Su presencia en aquel sitio, tal vez hubiera sembrado la duda en el corazón de los reales peregrinos.
Gaspar y sus compañeros eran hombres de ciencia, y poseían el hebreo. Después de adorar con fervor profundo al Niño y ofrecer su respeto y valer a su Santa Madre, salieron del establo, caminando de espaldas hacia la puerta, y montando en sus dromedarios, se pusieron en marcha.