El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota La Virgen lo sufrÃa todo con la resignación de los ángeles, con el valor de los mártires: porque aquella afligida madre sólo tenÃa un deseo, sólo la alentaba una esperanza: salvar a su Hijo del furor de sus enemigos. Por eso cruzaba a favor de las sombras de la noche los espesos bosques y los calcinados barrancos de Palestina.
El estridente aullido de los lobos era más grato a sus oÃdos que el estruendo de las armas y el galope de los caballos.
Por todas partes su asustadiza imaginación creÃa ver un soldado romano que con feroz sonrisa extendÃa sus nervudos brazos para arrebatarle a su amado Jesús.
Errantes, fugitivos cual criminales, perseguidos por la ley, cruzaron la Galilea y parte de la Samaria, huyendo de las ciudades, evitando el contacto de las gentes, caminando de noche y refugiándose en las profundas cuevas de los montes durante las horas del dÃa.
Jamás madre alguna sufrió tan continuos sobresaltos, tan terribles temores por su hijo, como la Santa Virgen por Jesús. ParecÃa que el cielo les retiraba su protección o ponÃa a prueba su paciencia y sufrimiento.
A cada paso que avanzaba la Santa Familia hacia el término de su viaje, hallaba un peligro, un obstáculo, y sin embargo, de todos esos contratiempos la misteriosa mano de la Providencia los sacaba ilesos.