El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota Mientras tanto, no estaba ociosa la muchedumbre, pues los hombres inscribían sobre los bancos y sobre piedras, con trozos de carbón o yeso que llevaban de propio intento, un nombre: este nombre era el de Amán, y las mujeres y los niños comenzaron a agitar sobre sus cabezas pequeñas mazas de madera y martillos de hierro.
Llegó por fin, la hora en que debía dar comienzo a la ceremonia el sumo sacerdote. Era éste un anciano de respetable y noble semblante, de alta y majestuosa figura. Vestía una túnica talar de color de jacinto, guarnecida en su extremo inferior de sesenta y dos campanillas de oro, que producían un sonido vibrante y armonioso al menor movimiento del sacerdote. Un paño del tamaño de medio codo bordado de torzal blanco cubría su pecho, en cuyo centro brillaban de un modo deslumbrante doce piedras preciosas en las cuales estaban grabados los doce nombres de los hijos de Jacob.
Este rico pectoral se hallaba sujeto a la cintura por dos cintas que marcaban el talle, y a los hombros por dos rosetones de oro, en donde también se veían incrustados los nombres de los hijos de Jacob, del modo siguiente: en el de la derecha los seis mayores, y en el de la izquierda los seis menores.