El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota EL LIBRO DE JOB
Antipatro se incorporó sobre la paja, como si hubiera despertado en aquel momento, dijo con naturalidad:
—¡Ah! ¿Eres tú, Cingo? Me alegro de verte: esta soledad me cansa. ¡Qué quieres! Soy un hombre afeminado a quien desde pequeño han acostumbrado a vivir con alguna comodidad, y en este calabozo no tengo muchas, por cierto.
—El hombre debe avezarse a todo, señor.
—Sí, es verdad, pero yo no puedo… Prefiero una puñalada en el corazón, como la que mi buen padre se ha dado hoy, a dormir en una cama dura y comer malos alimentos.
—¡Ah! ¿Conque tú sabes…?
—He oído a través de la puerta que un soldado se lo contaba a otro.
—¿Y qué efecto te ha hecho la noticia?
—El efecto del estímulo: mi padre ha hecho lo que yo haría si tuviera un puñal.
—¿Te matarías, señor?
