El mĂĄrtir del GĂłlgota
El mĂĄrtir del GĂłlgota DONDE SE PRUEBA QUE EL AMOR DOMESTICA LAS FIERAS
âEres un servidor leal, Cingo, y quisiera antes de lanzar el Ășltimo soplo de vida, recompensar tus servicios. Dime quĂ© ambicionas, quĂ© es lo que quieres. Pide: estoy pronto a satisfacer tus deseos.
âSĂłlo anhelo servirte hasta que mueras, y luego partir a Ăfrica, pues quisiera morir bajo aquel sol que me vio nacer.
âPoco ambicionas.
âLos hijos de la Libia son sobrios, señor; sus caballos, sus armas, su tienda y una mujer que arrulle con sus cantares las calurosas siestas del estĂo, es todo lo que ambicionan, todo lo que anhelan.
âMañana recibirĂĄs una cantidad de oro, en recompensa de tus servicios.
âGracias, señor; pero no me conducĂa a tu cĂĄmara el afĂĄn de la riqueza; vengo de la torre y he visto a tu hijo Antipatro.
âÂĄAh! ÂżY quĂ© dice el prisionero? ÂżSe resigna con su suerte?
âLa estrechez de su calabozo le ahoga; la libertad es la reina de su pensamiento, la imagen mĂĄs bella de sus ensueños.
âNunca la obtendrĂĄ, mientras yo viva.