El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota LOS SANTOS EMIGRADOS
Crucemos el desierto, y pasando sin detenernos por las llanuras de Gizeh, en donde alza al cielo su frente de granito la pirámide de Cheops, entremos en el Egipto poblado. Bordeemos los soberbios muros y las altivas puertas de la ciudad del sol. No detengamos nuestras miradas en las altas agujas de Semíramis, ni en los bruñidos minaretes de Hermópolis la bella. Las cúspides de sus templos paganos brillan como un mar de plata cuando el padre del día los hiere con sus rayos. Pero ¿qué nos importa a nosotros el estruendo de las ciudades ni los soberbios edificios de la patria de los Faraones, de la tierra de los Logidas?
¡Matarieh, azucena del valle, lirio del arroyo, hospitalaria aldea elegida por Dios para recibir a su Hijo durante sus siete años de emigración, tú eres el término de nuestro viaje!
